sábado, 28 de mayo de 2011

y nieve


alguna vez
en un rincón desconocido de mi piel
nació la sonrisa
que abracé con las manos calientes
y los ojos abiertos de la espera
nació
en el espejo secreto de la sangre
agonizada en el derrumbe
de la hora que transita
los cabellos inanimados de la sombra
y habitó
en el desorden altivo de mis entrañas
la serena velocidad del instante total
en cada gesto demudado
de los ojos abiertos en tu espera
ahora
entre tanto latido fugaz
la guardo en el hondo aliento del silencio
para hundirla en tu rostro
sin piel pero de nieve
cuando
alguna vez
caiga de mis manos calientes
la última lágrima de tu voz

domingo, 22 de mayo de 2011

antipoema nº2

Gabriel me mira desde el fondo
de sus ojos grises
y me pregunta:
Papá,
si no hubiera cielo,
que habría?
Papá,
cómo nacen las estrellas?
Papá,
quién echa el agua en las nubes?
Gabriel se acuesta a mi lado,
me toca el brazo izquierdo
con sus tímidos dedos,
y me pregunta:
Papá,
porqué crecen las uñas?
Papá,
cuando uno sueña,
está dormido,
o está despierto?
Papá,
Porqué el humo no se corta
cuando paso la mano?
Gabriel se para al lado de mi silla,
me toca el cabello
con sus dedos de espuma,
y me pregunta:
Papá,
dónde vive Dios?
Papá,
el que se muere,
ya no vive más?
Papá,
el nene que está en la barriga,
cómo hace para salir?
Gabriel se acerca a mi escritorio,
me mira desde el fondo
de sus ojos grises
y me pregunta:
Papá,
si no hubiera cielo,
qué habría?
Papá,
cómo nacen...
Gabriel no sabe
Que yo también hice esas preguntas
Alguna vez.
Gabriel no sabe
Que mi padre,
También,
Se quedó mirándome,
Callado.


antipoema Nº 0

El hombre,
ese trozo de viento revestido de sueños,
tiene miedo,
tiene miedo de amar la oculta mirada
que en cada ojo le interroga el alma,
tiene miedo de apretar las tímidas manos
que cuelgan del aire,
tiene miedo de oír el quejido que yace
en el fondo de todas las palabras,
que rebota en su piel,
y estremece la piedra,
tiene miedo de abrazar la ternura,
y el terror,
de los cuerpos que lo cruzan,
que lo esquivan,
que lo chocan,
que lo trepan,
que lo aplastan.
Tiene miedo de mirar.
Tiene miedo de estrechar.
Tiene miedo de sentir.
Tiene miedo de amar.

El hombre,
Ese trozo de viento revestido de sueños,
Tiene miedo,
Tiene miedo de amar.
 Yo sé
(juro que lo sé)
que es cierto lo que digo.

antipoema Nº 1

Un niño ha muerto.
Lo trajeron al hospital,
al niño muerto.
Porque se golpeó la cabeza,
el niño muerto.
Un mes estuvo internado,
el niño muerto.
Hoy ha muerto,
el niño muerto.
Lo llevaban a otro hospital,
al niño muerto.
Para operarlo,
al niño muerto.
Pero no llegaron al otro hospital,
con el niño muerto.
Se descompuso en el camino,
el niño muerto.
Lo trajeron de vuelta,
al niño muerto.
Lo bajaron de la ambulancia,
al niño muerto.
Entre sus gritos,
los del niño muerto.
Entre los gritos de su madre,
la del niño muerto.
Una enfermera pasó y dijo:
el niño ha muerto.
Dos ordenanzas lo acostaron,
al niño muerto.
Sobre una camilla,
al niño muerto.
Y lo taparon con una frazada,
al niño muerto.
Para que no tuviera frío,
el niño muerto.

Yo,
estaba sentado.
Pensé en mis hijos,
en mi vida,
en mis padres,
en esa vieja que pasó luego
y no quería irse del hospital
mientras decía algo difícil de entender.

Estoy en un colectivo.
Voy a mi casa.
Tengo hambre.
Pero más que todo esto,
más que lo anterior,
algo me preocupa,
algo que debo resolver:
mi mujer quiere que la lleve,
sin falta,
a comer lasagna rellena.
Esta misma noche.

domingo, 15 de mayo de 2011

antipoema Nº 5 


Soy judío.
Lo digo con el miedo habitual,
con el miedo que desde siempre
acompañó el mínimo gesto de mis ojos,
con el miedo que se adosó a mis células
desde el grito que lancé al mundo
cuando,
tal vez a mi pesar,
no puedo recordarlo,
me vi obligado a nacer.
A nacer en un mundo hecho a la manera
de los demás,
o hecho a la manera de algunos
de los demás,
o a la manera de nadie,
porque a mí no me preguntaron
si yo quería vivir en este

mundo,
a mí no me preguntaron si yo
quería habitar este planeta,
o si quería quedarme en el otro,
donde creo que estaba cómodo.
Creo, porque no puedo recordarlo.
Y aquí estoy,
desde hace treinta y cinco años,
no sabiendo aún si este es el mundo
para el que nací,
si aquí puedo llegar a vivir algún
día,
si me esperan, tal vez, en alguna otra
parte,
si aquí estoy de paso,
como quien escala una montaña
cada vez más lentamente
si lo que me sucede es la etapa
anterior a lo que debe sucederme,
aunque lo que debe sucederme,
tal vez todo lo que debe sucederme,
sea la simple muerte,
la muerte común,
la muerte repetida,
la muerte aburrida.
Nada más que la muerte.

Soy judío.
Por ello, tal vez,
la muerte,
tan habituada a darle la mano
a tantos millones de judíos,
me haya reconocido,
y esté esperándome detrás
de mi diario miedo,
para decirme que sí,
que lo que debe sucederme
sólo ella lo sabe.

¿O es que yo ya lo sabía
desde antes de nacer?



este mundo


este mundo
este mundo de mierda
que llevamos a cuestas
este espacio sin aire
para los sueños
este día y el de ayer
y el de mañana
que me arrastran a la venta
sin demanda de mis horas
que me incita a ponerle precio
diariamente a la ilusión
esta manera de perder la vida
entre números y bronca
entre números y miedo
entre números y esa esperanza
de llegar algún día a vivir
sintiéndome vivir
este engranaje de un mundo
que me ata el cerebro al carro
triunfal de la gran máquina
de la producción encadenada
que no me espera
ni le importo
este mundo que no me deja
seguir escribiendo
porque tengo que salir a repetir
la rutina implacable del consumo
y cuando llegue a casa haré
números
y calcularé los pagos de mañana
y tendré miedo
miedo de no poder pagar
miedo de que la vida que me queda
no me alcance
miedo de que ese poema que entreveo
no me llegue
y así
en este mundo
este mundo de mierda
mañana volveré a repetir
esta historia de todos los días
esta sensación de que poco a poco
me voy doblegando qué digo
si ya estoy doblegado
y todo sigue su curso
en este mundo
hagamos cola
este mundo de mierda
no perdamos el turno
este mundo que
quizás algún día
nos servirá
déjenme soñarlo
para vivir
entre otras cosas.